Violencia Estudiantil

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Violencia Estudiantil

Se entiende por violencia escolar la acción u omisión intencionadamente dañina ejercida entre miembros de la comunidad educativa (alumnos, profesores, padres, personal subalterno) y que se produce dentro de los espacios físicos que le son propios a esta (instalaciones escolares), bien en otros espacios directamente relacionados con lo escolar (alrededores de la escuela o lugares donde se desarrollan actividades extraescolares).

Una forma característica y extrema de violencia escolar producida entre alumnos es el acoso escolar (en inglés, bullying).

Definen la violencia escolar como la acción presente o conducta pluricausal que se manifiesta tanto en el aula como en su entorno. La violencia escolar es reflejada a través del comportamiento y tiene manifestaciones en las agresiones o maltratos y en situaciones de acoso, intimidación o victimización. En estos casos el alumno o alumna agredido se puede convertir en victima cuando esta expuesto, de forma repetida y durante un tiempo, a acciones negativas, que lleva a cabo otro alumno o grupo de ellos, entendiéndose por acciones negativas tanto las cometidas verbalmente o mediante contacto físico y las psicológicos de exclusión. (D.Olweus, 1998).

Díaz y Martínez (2005,p.4) plantean en relación a los escolares que son victimas de la violencia de sus compañeros, que suelen diferenciarse dos situaciones, las victimas pasiva y el caso de las victimas activas.

La victima típica o victima pasiva: Se caracteriza por una situación social de aislamiento, con frecuencia no tienen amigos entre sus compañeros, son muy pasivos, inseguros, soportan calladamente las agresiones, son objeto de burlas y maltrato, aceptando estos de manera sumisa.

Este tipo de victima, les cuesta hacer amistades, así mismo demuestran una conducta de miedo ante la violencia, siendo vulnerables al no poder defenderse ante la intimidación, generando alta ansiedad, que puede llevarlos a la auto agresión o a convertirse en un momento dados en agresores violentos. También se caracterizan por presentar dificultades para expresarse y establecer contacto físico, lo que son señales de inseguridad y baja autoestima.

En correspondencia a lo planteado Díaz y Martínez (op cit) la caracterizan como:

...una situación social de aislamiento, en relación a lo cual cabe considerar su escasa asertividad y dificultad de comunicación; una conducta muy pasiva, miedo ante la violencia y manifestación de vulnerabilidad (de no poder defenderse ante la intimidación), alta ansiedad, inseguridad y baja autoestima; características que cabe relacionar con la tendencia observada en algunas investigaciones en las víctimas pasivas a culpabilizarse de su situación y a negarla, debido probablemente a que la consideran más vergonzosa de lo que consideran su situación los agresores... p: 5)

Las victimas activas: Se caracterizan por tender a actuar de manera impulsiva, sin discriminar cual es la conducta más adecuada a cada situación. Tienden a emplear conductas agresivas, irritantes, provocadoras. Confundiéndose a veces con el papel de agresor.

El profesorado necesita una formación conceptual procedimental y actitudinal para el desempeño de distintas funciones para acompañar a las familias en la búsqueda de soluciones. El éxito de la intervención requiere de una acción coordinada de todos los que intervienen en el problema, por lo cual el trabajo en equipo es imprescindible.

La prevención está al alcance de todos. La prevención no es otra cosa que la puesta en marcha de las medidas apropiadas para impedir la aparición de interacciones violentas en los individuos y en la comunidad en general (Fernández, 1999).

Díaz y Martinez (op cit) destacan como forma de prevenir la violencia en las aulas:

La agrupación de los alumnos en equipos heterogéneos (en rendimiento, en nivel de integración en el colectivo de la clase, en grupos étnicos, en género, en riesgo de violencia....), que ayuda a superar las segregaciones y las exclusiones que de lo contrario se producen en la escuela, a través de las cuales se perpetúan las que existen en el resto de la sociedad, y en las que se priva a los individuos de riesgo de las oportunidades necesarias para prevenir la violencia. Esta característica contribuye a luchar contra la exclusión, y a superar la desigual distribución del protagonismo que suele producirse en las aulas, que son el origen del desapego que algunos alumnos sienten hacia ellas y de muchas de las conductas de violencia.

Un significativo incremento del poder y de la responsabilidad que se da a los alumnos en su propio aprendizaje, sobre todo en las actividades en las que se les pide que desempeñen papeles adultos como expertos en diversas áreas (medios de comunicación, prevención, política...). Por ejemplo, elaborando la Declaración de los Derechos Humanos, un decálogo para erradicar la violencia escolar, o campañas de prevención contra la violencia de género dirigidas a adolescentes. Los resultados obtenidos han permitido comprobar que ayudar a los y las jóvenes a desempeñar el papel de expertos es muy eficaz. Cuando, v. gr., hacen de expertos contra la violencia, adquieren las habilidades formales que dicha actividad supone, y se apropian al mismo tiempo de sus objetivos: la justicia, la tolerancia y el respeto mutuo.

Que este tipo de actividades favorecen el aprendizaje significativo al proporcionar un contexto social mucho más relevante que el de las actividades escolares tradicionales, y suponen la realización de tareas completas en las que se llega a una producción final. Así, al tratar al adolescente como si fuera un profesional capaz de prevenir la violencia, y al proporcionarle el apoyo y la motivación necesarias, se favorece que pueda descubrir el significado que esta tarea tiene para el experto que habitualmente la realiza, y que llegue a identificarse con dicho significado de forma mucho más eficaz que si le pidiéramos que llevara a cabo, paso a paso, sus distintos componentes al estilo de los ejercicios de los tradicionales libros de texto: estudiar conceptos y definiciones sobre violencia y resolución de conflictos, comprender los caminos que sigue un profesional en esta área, aplicarlos a una situación hipotética, realizando simulaciones.

Para prevenir que el conflicto siga una espiral de desarrollo y estalle en violencia, unos de los aspectos que debe buscarse es el autocontrol, la experiencia de los autores en la docencia permite afirmar que hoy los adolescentes parecen no tener conciencia de los limites, presentando problemas para auto controlarse, auto limitarse y ponerse en el lugar de otro Se hace necesario comenzar a trabajar desde la escuela con las técnicas de autocontrol, entendiéndose por éste la capacidad consciente de regular los impulsos de manera voluntaria a fin de alcanzar un mayor equilibrio personal y relacionar, lo cual facilita a las personas dominar sus impulsos, sus emociones en determinado lugar o circunstancia.

Para prevenir la violencia, uno de los aspectos mas i importante es aprender a controlar la rabia, que si bien es un sentimiento normal e inevitable, hay distintas formas de abordarla, el docente debe aprender a aceptarla y a saber mantener la ca